martes, 26 de octubre de 2010

8

Vomitaré las agujas del reloj
llenas de plumas manchadas
para volver al infinito de nuevo
modelado entre mis dedos de muñeca.

lunes, 18 de octubre de 2010

Return





Yo no nací en la costa.
Me alumbraron las piedras en zigzag
de los canes muertos.
Hubiera roto más de una mandíbula
hubiera gritado, 

aunque vocalizar fue más efectivo.

Vuelvo al hogar.
Dejo el sol y las hojas, 
dejo las guitarras, sonriendo.
Y vuelvo nueva, 
y soy la misma.

Estoy tranquila porque todo irá bien.

sábado, 9 de octubre de 2010

Gun

Una pistola compra el control de la sangre. La ata con lazos de pólvora a las neuronas.
Eres la mejor persona que conozco.
Eres, esa retina que un día se rompió mirando el suelo.
Vagando encinta de esperanza,
aniquilando el ruido.

lunes, 4 de octubre de 2010

Escatófago



Prepárate Nafa Ahora Mira Tu cuello se desangra
en arterias verdes Mis uñas te destrozan Te hiero 
como a un niño Te mueres, Nafa Ya te has muerto

...

[...]Ahí queda el tiro.
Y a quién le haya jodido, que se aguante.


Fernando Merlo, Escatófago




Tenía 17 años cuando Merlo entró en mis venas con su poesía cacofónica, con sonetos heroinómanos y unos brazos azules rellenos de mierda. Fue antes de Sylvia, de Welsh y Bukowski, antes incluso de Javier Egea o Genet. Entró directo entre dos columnas rugosas que porticaban uno de los patios de mi palacio-cárcel. Entró, como una aguja, como la luz en mi cerebro, me contagió sin avisar, como enfermo hijodeputa que no avisa. Merlo me penetró sin profiláctico de por medio, yo me confié y tampoco quise dudar de un muerto. Tonta de mí, los muertos son los más peligrosos. Quedé infectada, no había vuelta atrás. 





viernes, 1 de octubre de 2010

El primer fotograma.


Wong Kar Wai, In the mood for love.

Descubrí el cine cogiéndole la mano a mi Anouk Aimée particular. La mujer con la espalda más hermosa del mundo, aquella que compuso nanas para mí. Lo descubrí como quien encuentra un tesoro dentro de sí mismo, como quien rompe la caja de un reloj inesperadamente. Tumbada sobre sus piernas memoricé cada una de las notas de Yann Tiersen, chupando las frambuesas de sus dedos. El grano en las películas de Winterbottom, granos en los que escribí poemas dentro, en los que firmé con mi nombre de personaje de ficción. María González, mi nombre, mi clon, mi sangre se compone de líquido revelador. Nueve canciones corriendo por su espina dorsal, modulando el sonido de la película para no ser descubiertas. La luz en el cine de Wong Kar Wai, la imágen estática y los secretos en los árboles. Siempre quise regalarle uno, pero sólo tenía palabras entre mis nudillos. Lloré tanto sin que ella lo viera, que terminé por enamorarme de la pantalla  para huir de aquel amor que nunca se correspondería.