viernes, 1 de octubre de 2010

El primer fotograma.


Wong Kar Wai, In the mood for love.

Descubrí el cine cogiéndole la mano a mi Anouk Aimée particular. La mujer con la espalda más hermosa del mundo, aquella que compuso nanas para mí. Lo descubrí como quien encuentra un tesoro dentro de sí mismo, como quien rompe la caja de un reloj inesperadamente. Tumbada sobre sus piernas memoricé cada una de las notas de Yann Tiersen, chupando las frambuesas de sus dedos. El grano en las películas de Winterbottom, granos en los que escribí poemas dentro, en los que firmé con mi nombre de personaje de ficción. María González, mi nombre, mi clon, mi sangre se compone de líquido revelador. Nueve canciones corriendo por su espina dorsal, modulando el sonido de la película para no ser descubiertas. La luz en el cine de Wong Kar Wai, la imágen estática y los secretos en los árboles. Siempre quise regalarle uno, pero sólo tenía palabras entre mis nudillos. Lloré tanto sin que ella lo viera, que terminé por enamorarme de la pantalla  para huir de aquel amor que nunca se correspondería.

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