miércoles, 9 de junio de 2010

The clean room





La caja china, Wayne Wang.




Quiero estar limpia para ti.
Desinfectaría mi alma hundiéndola en alcohol etílico,
en lejía, para que así no te tocara
ni pudiera manchar tus ojos.
Ignoras cuántas manchas indelebles posee mi piel.
Me avergüenzo sólo de pensar
que llevas la cuenta, y un día,
pasaras la factura
que tu boca se cobrará por intentar quitarlas.

Me consuelo pensando que son las piedras,
las heridas,
quienes me han llevado hasta tus muñecas.
Si me ayudas a reinventar las hojas,
prometo desechar las máquinas y las uñas,
y regalarte la sal para que tú la esculpas
en mi vientre. 

6 comentarios:

  1. Yo soy de la de las manchas. Te prefiero con manchas a limpia. Más auténtica, más María. Y que la sal sea un añadido.

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  2. Hola María!

    Soy una nueva seguidora de tu blog, me encantan las historias desenfocadas que se reflejan en tus espejos, limpios siempre tan veraces y directos.

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  3. Cuidado con la asepsia, que desdibuja los latidos y las horas ;)

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  4. "Me avergüenzo sólo de pensar
    que llevas la cuenta, y un día,
    pasaras la factura
    que tu boca se cobrará por intentar quitarlas."

    sin palabras mas dejao...

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  5. La chica del vestido rojo... tendrá que ser con la espalda al aire, o hacer unos aberturas verticales a la altura de los omoplatos.
    Kiss

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  6. Qué película, me ha recordado un tiempo en que buscaba cualquier excusa para volver a verla ("¿la has visto? ¿¿no?? ¿cuándo quedamos?).

    Por otra parte, odio la pureza. ¿Limpieza? No gracias :)

    Besos

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