martes, 19 de enero de 2010

La chica del autobús

Creo haberla confundido con un animal mitológico.
Una sirena, quizás una esfinge, con sus piernas cruzadas en aspa sobre las ruedas gigantes. El pelo cayendo en sus mejillas, las uñas negras, perdiéndose entre las hojas de un libro con olor a tiempo. Su piel blanca reflejaba la luz, sus ojos la descomponían. Esos, que de repente ha alzado punzando mi piel, sorprendida en el escrutinio embobado de la suya.

La nínfas llevan pesadas botas en su camino hacia el oeste, entre humanos extraños y carteras de colegio, quienes las descubren quedan con el iris hecho añicos, el estómago, vacío para siempre.

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